Conozca La Antigua Guatemala

 

 

...la ciudad colonial que ofrece una valiosa tradición cultural y religiosa

 

 

Virtudes del Santo Hermano Pedro de San José Betancur

 

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  Santo Hermano Pedro de San José Betancur

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En el Hermano Pedro todo era entusiasmo y constante alegría. Alegría por ser hijo de Dios, alegría por servir a todos; y alegría también en la hora del dolor y del sufrimiento.

 

En las horas más desconsoladas no se olvidaba de su pandereta y daba ejemplo de un singular abandono en las divinas manos, cantando sus angustias con gran alegría. Es verdad que su cuerpo estaba en la tierra compartiendo con las personas, mientras su alma estaba en el cielo en la compañía de Dios.

Pandereta

 

 

Si era para rezar; rezaba extasiado horas enteras delante del Santísimo Sacramento; estaba todo entregado en la adoración a Jesús Eucarístico.

 

Si era para llamar a la conciencia a los habitantes de la ciudad por su mal proceder, repicaba incesantemente su campanita rogando que no se ofendiera a Dios, sin importarle el lugar ni las circunstancias.

 

A la hora de la penitencia, era riguroso contra sí mismo. A la hora de impartir las primeras letras y la doctrina cristiana, era paciente y bondadoso con los niños y niñas que asistían a la instrucción educativa y religiosa en su improvisada escuelita.

 

De sus virtudes, la que más sobresalió fue la Caridad. Siempre estaba dispuesto para ayudar a los pobres, no había hora, dificultad ni obstáculo para atender a los desamparados.

 

Recorría diariamente las calles de Santiago de los Caballeros, actualmente La Antigua Guatemala, con tres “compañeros” inseparables: Bastón, campanita y sombrero. El bastón le ayudaba a caminar, la campanita para llamar la atención, y el sombrero para recaudar las ayudas para los pobres y enfermos. Esas pertenencias, así como su pandereta, se encuentran resguardadas en el Museo del Santo Hermano Pedro.

 

   Bastón

 

 

Campanita

 

 

 Sombrero

 

   

 

 

¿Cómo vivió la virtud de la Fe?

 

Haciendo todas sus obras de acuerdo a la voluntad de Dios. Nunca hizo su voluntad, sino la de su Majestad Divina, pues es imposible agradar a Dios sin fe. Por su poderosa fe es que obró tantos milagros, pues la fe mueve montañas.

 

El hombre se ejercita en tres cosas: conocimiento, creencia firme y confesión, en todo esto fue insigne la fe del Hermano Pedro; conoció admirablemente los dogmas. Creyó y vivió el Credo. Tuvo perfecto entendimiento de los misterios.

 

Defendió con su sangre la Inmaculada Concepción. Siempre tenia fijada su creencia en las determinaciones de la iglesia, a tal punto que dijo al morir: "más yo diré lo que sé y es que creo fiel y firmemente todos los misterios de la santa fe en el modo y forma que los propone, para que sean creídos, la Santa Madre Iglesia Católica Romana dirigida por el Espíritu Santo. De igual modo creo todo aquello que puede ser materia de fe"

 

¿Cómo vivió la virtud de la Esperanza?

 

Verdad es que la fe y la caridad son en la práctica compañeras inseparables de la esperanza, porque sólo puede esperarse lo que se cree y lo que se ama. Todo el anhelo del Hermano Pedro era la posesión del mismo Dios en el tiempo futuro, de su gloria y de la bienaventuranza; esto era todo su anhelo y por esto mismo respiraba ansioso. Solía decir con mucha frecuencia, que aunque era gran pecador, tenía gran esperanza de ver a Dios eternamente en su gloria porque esperaba el auxilio de la Divina Misericordia.

 

En la observancia de los mandamientos de Dios y la Iglesia, que son el medio fijo de conseguir la gloria, fue puntualísimo, perseverante y extremado; ejecutando aún lo que en el evangelio es sólo de consejo. En su última enfermedad repetía muchas veces esta expresión "¡Quien pudiera ver a Dios!". Cuando supo que su enfermedad era irremediable, exclamó en festivas voces: "Alegría, que iremos a ver Dios".

 

Los bienhechores de la recordada ciudad de Santiago de los Caballeros que costeaban piadosos la asistencia a los enfermos, quisieron imponer renta fija para que así se perpetuase seguro el alivio de los pobres; pero el Hermano Pedro no quiso admitir estas rentas, porque quiso mejor esperar en las providencias divinas. Había recibido ya algunas cantidades, pero advirtiendo después que el admitir estas seguridades humanas era menoscabo de la confianza de las asistencias de Dios, las devolvió todas a sus dueños.

 

Cuando construía su hospital, le decían que de dónde lo iba a hacer, a lo que Él respondía: "¿Eso que les importa, ni menos a mí, cuando la obra no corre de su cuenta ni de la mía y sólo está al cuidado de Dios?"

 

¿Cómo vivió la virtud de la Caridad?

 

Es la virtud en la que más sobresalió, ya que en Él se vio claro que fue pacífico y benigno, sin emulación, sin nota de malicia, sin soberbia, sin interés propio, sin irritación, triste en los males ajenos y gozoso de la verdad.

 

Un bienhechor de Él le dijo en ocasión que tenía hospedados en su hospital gran multitud de forasteros ¿que porqué daba albergue en su casa a aquellos vagabundos?; oyendo el Hermano Pedro palabras tan injuriosas a la caridad respondió vertiendo tiernas lágrimas: "Hermano, yo soy el vagabundo, y estos son pobres de Jesucristo" y decía que era preciso servirles con gran cuidado y con mucho respeto, porque sabía quien se ocultaba debajo de su propia ropa. Esto era porque miraba en los pobres al mismo Jesucristo.

 

Y así, su caridad llegó a los moribundos, fallecidos, las almas del purgatorio y hasta los animales.

 

¿Cómo vivió la virtud de la Prudencia?

 

La prudencia que ejercitó reluce en todas sus acciones como signos característicos de inteligencia profunda, maduro examen, atención prudente, elección fácil, juicio recto y determinación acertada.

 

Toda su vida fue un ejemplo de prudentes decisiones, pero su más singular y expresa práctica se manifiesta en el siguiente suceso: Hallándose en gran necesidad de dinero para pagar en la construcción de su hospital de convalecientes, decidió recurrir a un bienhechor suyo para que le socorriese. Se encaminó a la casa de aquel buen hombre y hallándole muy enfadado por algunos disgustos, le saludó dándole los buenos días pero se salió a la calle sin presentarle su necesidad, porque no le pareció oportuno pedir limosna a un hombre encolerizado, quien tendría alejada su devoción. Pero, por eso, no dejó de lograr su propósito, pues acordándose aquel bienhechor de una promesa que le había hecho para una obra piadosa, olvidó el enojo y haciendo llamar al Hermano Pedro, le entregó la cantidad de dinero que había prometido; y era cuanto el Hermano Pedro necesitaba para salir de su ahogo.

 

¿Cómo vivió la virtud de la Justicia?

 

San Ambrosio decía que todas las demás virtudes están estrechamente enlazadas con la justicia, y es por eso que la práctica de todas las virtudes tiene el nombre de justicia; y a lo que hoy llamamos santos, en el antiguo testamento se llamaban justos.

 

Al santo impulso de la justicia debe el hombre la rectitud de las operaciones, no sólo en orden a sí mismo, sino también en orden al prójimo. En cierta ocasión le dieron al Hermano Pedro un caballo, para que sirviese en la obra del hospital de convalecientes, aunque tan flaco y extenuado que fue preciso ponerlo en un potrero para que con suficiente hierba y descanso cobrase fuerzas para poder servir a los pobres.

 

Ya bien recuperado el caballo, se presentó un hombre diciendo que era suyo e intentaba llevárselo. No estaba en casa en esta ocasión el Hermano Pedro, pero un pobre que ahí se encontraba realizando algunas tareas, se lo impidió. Por esta oposición los dos intercambiaron muchas palabras y casi llegaron a pelearse; a este punto, llegó el Hermano Pedro y habiendo oído la pretensión de aquel hombre de llevarse el caballo, le pacificó, y sin indagar algo más le dijo que si sabía que era suyo el caballo se lo llevase en buena hora, y que no por eso se habría de quebrantar la paz.

 

¿Cómo vivió la virtud de la Fortaleza?

 

La virtud de la fortaleza, que tiene por objeto soportar los males e incomodidades propias, fue también señalada por el Hermano Pedro porque en emprenderlos y sufrirlos, que es todo el ejercicio de esta virtud, fueron sus empleos singulares.

 

Un día al entrar el Hermano Pedro en la Iglesia de San Francisco El Grande, se estaban quemando unos fuegos artificiales. Casualmente uno de éstos le cayó y se introdujo dentro del sombrero que llevaba tomado con el brazo por debajo del pecho; y no obstante haberle explotado causando el estrago que hace naturalmente una bomba, no se notó en Él la menor alteración de este infortunio; pero del gran dolor que sentía exclamó: "Antes que venga la muerte, reciba yo este alivio, que del dolor de mis culpas, mi corazón sea partido".

 

Y así sufría y soportaba con fortaleza los golpes que le dio un insensato, las bofetadas e insultos que recibía en la calle cuando llamaba a la conciencia a los habitantes de la ciudad por su mal proceder.

 

¿Cómo vivió la virtud de la Templanza?

 

La templanza, que es la moderación de los apetitos carnales, en el Hermano Pedro se vio muy clara pues casi no comía nada condimentado, sólo hierbas amargas y si le daban algo con sabor Él mismo le agregaba agua o demasiado chile, y así mortificaba el gusto.

 

En castidad fue portador de una total integridad, porque su proceder parecía el de un puro espíritu. De la pureza de su alma era cierto indicante la modestia de su aspecto, que a su vista se asombraban todos, sin que en presencia suya intentase persona alguna decir palabra o ejecutar acción en temas de castidad descomedida.

 

 

Muchas veces nos preguntamos: ¿Cómo amar a Dios? La respuesta del Hermano Pedro era sencilla y humilde, como sencillo y humilde era él: ¡Hagamos las obras de Dios llenos de amor, llenos de entusiasmo!

 

 

En el Templo de San Francisco, Santuario del Santo hermano Pedro, se encuentra el Sepulcro en el que descansan los santos restos del Hermano Pedro. Detrás de dicho Sepulcro, es decir, al fondo de la antigua Capilla de la Vera Cruz, se colocó un Vitral en el que se observan dos representaciones que expresan:

 

El encuentro del Hermano Pedro con el Señor; y,

La expiración del Hermano Pedro

 

 

"ALABAD A DIOS POR TODO Y DADLE GRACIAS, QUE PARA

MORIR NACIMOS. ÉL SALVE NUESTRAS ALMAS. AMÉN"

 

El texto en la parte inferior de este Vitral corresponde a una de las oraciones que realizaba el Santo Hermano Pedro.

 

 

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