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Retablo mayor de la Ermita del Cerrito del Carmen, restaurado en 2013 [Ciudad de Guatemala]

 

    

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Es conocida la importancia que a través de los siglos la Iglesia ha otorgado al arte religioso: no sólo en los aspectos inherentes a la liturgia, sino proponiendo el arte como instrumento de evangelización y catequesis en la transmisión de la Fe. Ya lo notaba el papa San Gregorio Magno, en el siglo VII, hablando de las pinturas en las iglesias: “Se pintan las iglesias con imágenes, porque los que no saben leer, viendo las paredes, leen lo que no pueden hacer en los libros”.

 

En la época colonial en Guatemala y en toda America Latina, los retablos -aparte de su función como respaldo y enmarcamiento del altar- fueron construidos con un propósito claramente didáctico: inculcar la doctrina cristiana de manera gráfica, como lo hicieron las pinturas murales en la historia secular de la Iglesia. Este propósito de evangelización, materializado en los retablos mediante una presentación sugestiva y atrayente, resultaba ser una lección gráfica cuidadosamente planeada para la exaltación de la Fe cristiana.

 

En el presente caso, el retablo mayor de la Ermita del Cerrito del Carmen tiene 5.60 metros de alto y 6.89 metros de ancho, y es obra de un ignoto artista guatemalteco que lo construyó en 1745, año de la dedicación de la Ermita que actualmente contemplamos. Fue una obra realizada en uno de los mejores talleres de ebanistería de la recordada ciudad de Santiago de los Caballeros, cuando la capital del Reino de Guatemala residía todavía en el Valle de Panchoy, en la actualidad, La Antigua Guatemala. Lleno de belleza y enseñanza, dicho retablo es considerado por los expertos en la materia como uno de los mejores ejemplares del estilo ultrabarroco existentes en el país. Del estilo ultrabarroco colonial, típico de mediados del siglo XVIII, tiene el sello de la multiplicidad y suntuosidad de elementos florales que lo enriquecen y a la vez lo embellecen.

 

Actualmente, la Ermita del Cerrito del Carmen cuenta con un solo retablo, el mayor. En sus orígenes tenía cinco más, colocados en ambos lados de la nave de esa edificación religiosa. Se perdieron, con todos sus bienes de imaginería y pintura, a consecuencia de los terremotos ocurridos en 1917 y 1918, que originaron serios daños a esta Ermita. Milagrosamente, el muro de fondo sobre el cual descansaba el indicado retablo quedó de pie.

 

Ese retablo mayor está dedicado a Nuestra Señora, bajo la advocación del Carmen. Para su elaboración, el maestro artista que lo ideó y, con él y bajo su dirección, los ebanistas, ensambladores y pintores unieron sus mejores esfuerzos para exaltar y magnificar la gloria de María. Este mensaje doctrinal-mariano viene expresado en el monograma I.M.R (con una A dentro de la M), colocado por encima del camarín de Nuestra Señora. Dicho monograma reproduce las iniciales de las palabras latinas “Inmaculatae Mariae Reginae”, que traducidas al español significan: “A la Inmaculada María Reina”.

 

Dicho retablo, como obra artística, ha despertado siempre el interés y admiración de propios y extraños. Su importancia no reside sólo en lo estrictamente religioso, pues llama también la atención de los amantes de la historia y de los estudiosos del arte, por ser un monumento de especial importancia en el ámbito de la historia y arte colonial de Guatemala. Eso llena de orgullo pero conlleva también una responsabilidad en lo que corresponde a su conservación.

 

En concordancia con el Año Jubilar Mariano, programado en el Cerrito del Carmen para conmemorar, en el 2013, los cuatrocientos años de la primera ermita levantada en 1613 para dedicarla a Nuestra Señora del Carmen, los miembros del Comité de la Ermita del Cerrito del Carmen y su Rector, se comprometieron a restaurar el referido retablo mayor.

 

Confiados en la Providencia de Dios y en la asistencia de la Santa Patrona, más que en las fuerzas propias, se inició la ardua tarea de la restauración. También alentó la feliz coincidencia que la festividad religiosa en la Ermita del Cerro del Carmen, a la que se ha hecho referencia, podía tener con el Año de la Fe, convocado por el Papa Emérito Benedicto XVI, para toda la Iglesia.

 

Conscientes que el mencionado retablo -como la misma Ermita y todo el Cerrito del Carmen- fue declarado monumento nacional de tipo A, y como tal queda protegido por la ley, antes de iniciar la restauración se solicitaron las autorizaciones pertinentes, mismas que fueron otorgadas por el Instituto de Antropología e Historia del País.

 

Tras el estudio sobre el estado real del retablo, y al contar con aportaciones y donaciones de diferentes bienhechores e instituciones, se iniciaron los trabajos el día lunes de la primera semana de septiembre de 2012; no sin antes haber pedido la bendición de Dios, para el buen éxito del proyecto, con una misa de rogación celebrada en día domingo en la que estuvieron presentes los restauradores, benefactores y la feligresía de la Ermita del Cerrito del Carmen.

 

El inicio del largo proceso de la restauración consistió en el desarmado del retablo; pieza por pieza, de arriba hacia abajo, cuidando la enumeración y clasificación de cada una de ellas. Es oportuno señalar que el retablo se integra con cuarenta piezas de madera e cedro, cubiertas de oro fino, grandes unas y pequeñas otras; y ocho pinturas en óleo sobre madera de cedro.

 

Detectados los daños y el deterioro de algunas piezas, se enviaron a dos pequeños talleres dispuestos en áreas de la propia Ermita: de carpintería uno y de pintura el otro. La restauración propiamente dicha se inició con las pacientes y minuciosas labores de limpieza, sin dañar el oro de las maderas y los colores de las pinturas. Luego, se procedió a sanar, recuperar o reponer los elementos consuntos, dañados o perdidos, empleando exclusivamente el cedro, la misma madera del retablo; hasta culminar el largo proceso de la restauración con la colocación de las láminas de oro (23 kilates), de la misma buena calidad del original, en aquellas partes de las maderas que las necesitaban.

 

En la restauración de las ocho pinturas, consideradas con razón parte integrante y esencial del retablo, se tuvo un particular cuidado en la limpieza, la protección y recuperación de los colores, las tonalidades, las luces y las sombras que el autor original había logrado para su obra.

 

Coherente con el acucioso y largo proceso de la restauración de la madera y de las pinturas, un especial cuidado fue puesto también en sanar el muro de fondo destinado a recibir el retablo restaurado. Se trata de aquel muro que, milagrosamente, soportó los terremotos ocurridos en 1917 y 1918.

 

Con interés creciente y dedicación, se llegó a la última fase de la restauración consistente en la colocación de las piezas en su propio lugar. Como en un mosaico, las grandes y las pequeñas, de abajo hacia arriba, cuidando en extremo la consolidación de las mismas y el fortalecimiento de todo el conjunto.

 

Fue así como el retablo, al recuperar su original esplendor, volvió a su lugar para la gloria de Dios y alabanza de Nuestra Señora, bajo la advocación del Carmen. Fue ofrecido el sábado 29 de junio de 2013 con la celebración de una misa de acción de gracias celebrada la misma Ermita del Cerrito del Carmen.

 

Asimismo, los miembros del Comité de dicha Ermita y su Rector, agradecieron a todos los que colaboraron en la realización del proyecto de restauración y contribuyeron con sus oraciones y aportes económicos. Sobre todos los bienhechores y benefactores se invocó la bendición de Dios y de la Santa Patrona, la siempre fiel y auxiliadora Nuestra Señora del Cerrito del Carmen.

 

Así se aprecia el ya restaurado y referido retablo mayor:

 

 

Retablo mayor de la Ermita del Cerrito del Carmen

 

Al igual que la fachada de la misma edificación religiosa, este retablo también tiene tres cuerpos. Al centro del primer cuerpo, se encuentra el camarín de la...

 

Imagen de Nuestra Señora del Cerrito del Carmen

 

 Para observar, deslice suavemente el puntero del cursor sobre la siguiente imagen:

 

Flash Camarín de la imagen de Nuestra Señora del Cerro del Carmen

 

Como quedó indicado anteriormente, el retablo de referencia contiene ocho cuadros con pinturas sobre madera de cedro. Siete de ellas son obras de un mismo artista guatemalteco. Dichas pinturas están colocadas entre vistosos marcos finamente tallados. El elemento iconográfico que une y caracteriza a cuatro de dichas pinturas reside en el hecho de pertenecer directamente a la familia carmelita, de la cual Nuestra Señora del Carmen es Madre y Patrona.

 

Todas las pinturas tienen un gran valor histórico, artístico y cultural. Quieren ser una página de la historia y mariología abierta a todos, y a la vez pretenden motivar en los fieles la devoción hacia la advocación mariana del Carmen.

 

Los cuadros de pinturas del primer cuerpo, a la derecha y a la izquierda de la Patrona, representan a San Joaquín y a Santa Ana, los padres de Nuestra Señora. En esos cuadros restaurados puede apreciarse con claridad la presencia de querubines; y como uno de ellos coloca una corona de flores sobre la cabeza de cada uno de los santos.

 

En el segundo cuerpo, en tamaño menor, dos cuadros de pinturas representan a monjas carmelitas que corresponden a Santa Joana y a Santa Cirila.

 

En el tercer cuerpo, al centro, se encuentra el cuadro de pintura que representa a San José, esposo de María, con el Niño Jesús en los brazos.  A los lados de San José, se aprecian dos cuadros de pinturas que representan a otras dos monjas carmelitas que corresponden a Santa Ángela y a Santa Teresa del Niño Jesús.

 

También,  en el retablo se aprecia el cuadro de una pintura que representa a San Juan Bautista, quién señala a El Cordero de Dios [Jesús]. Esta pintura se encuentra en la puertecilla del tabernáculo, entre un marco artísticamente tallado.

Reflexión

 

Conscientes que la belleza se identifica con Dios y que, como la verdad, tiene la fuerza de dar alegría al corazón humano, se abriga la esperanza que el retablo restaurado, lleno de belleza, despierte en los feligreses la admiración, y con ella la nostalgia de Dios y el deseo de la espiritualidad para fortalecer la Fe cristiana, contribuyendo con ello a la Paz y al bien de Guatemala.

 

Fuente:

 

Bruno Renato Frison: La Ermita del Cerro del Carmen (2000); Cerrito del Carmen, Pasado y Presente (2008); Año Jubilar Mariano en el Cerrito del Carmen 1613-2013 (2012); y Retablo mayor de la Ermita del Cerro del Carmen 1613-2013 (2013).

 

 

    

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