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...la ciudad colonial que ofrece una valiosa tradición cultural y religiosa

 

 

Generalidades en Navidad

 

    

  Se acerca Navidad

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Según la liturgia cristiana de la Iglesia, un nuevo ciclo espiritual es precisamente el período denominado de Adviento que constituye un tiempo de preparación para celebrar dignamente la Navidad de Nuestro Señor Jesucristo.

 

El Adviento es una palabra de etimología latina que significa "venida". Es el tiempo litúrgico compuesto por las cuatro semanas que preceden a la Navidad.

 

En el año 2022, el Calendario de Adviento inicia el 27 de noviembre y termina el 24 de diciembre.

 

 

En el mes de diciembre de cada año se celebran en Guatemala diversas tradiciones y costumbres religiosas. Es la época de paz, esperanza y amor para celebrar un año más la venida de Jesús en cada corazón y hogar.

 

Es importante indicar que para las actividades del presente año, 2022, deberán considerarse las disposiciones gubernamentales vigentes relacionadas con la pandemia del Covid-19.

 

Algunas de esas tradiciones se originaron en la recordada ciudad de Santiago de los Caballeros, actualmente conocida como La Antigua Guatemala, traídas a esa ciudad colonial por Pedro de Betancur - Santo Hermano Pedro de San José Betancur- a su arribo el 18 de febrero de 1651, procedente de Tenerife, Islas Canarias, España; ya que para él era de su predilección preparar un Nacimiento y realizar una procesión como parte de las festividades navideñas.

 

 

Adviento, tiempo de preparación

 

Para vivir dignamente la solemnidad de la Navidad, la Iglesia nos prepara con el período litúrgico del Adviento sin dejar de invitarnos al arrepentimiento y a la conversión en un ambiente, en general, festivo, lleno de alegría y de esperanza. Se usa el color morado para los ornamentos y adornos de los templos e iglesias.

 

En el año 2022, el Calendario de Adviento inicia el 27 de noviembre y termina el 24 de diciembre, así: Primer Domingo, 27 de noviembre; Segundo Domingo, 4 de diciembre; Tercer Domingo, 11 de diciembre; y Cuarto Domingo, 18 de diciembre.

 

Los Evangelios que se proclaman en los Domingos de este tiempo litúrgico nos recuerdan la necesidad constante de cambiar de vida, de convertirnos, para que cada vez estemos más cerca de Dios. La conversión es una tarea que no debemos dejar a un lado, siempre debemos estar en una constante revisión de nuestra vida para ser mejores personas. Por eso, es importante tener una actitud alerta y vigilante, donde debemos vivir nuestra esperanza responsablemente en una constante vigilia porque el Señor, que es fiel, nos ha prometido su venida salvadora. Esa vigilia es fruto de la Fe, que es el camino hacia la Luz.

 

 

Navidad es una celebración sacramental y por consiguiente es la ocasión propicia para renovar nuestra Fe y reforzar nuestra comunión con el Señor; es un caminar lleno de esperanza que le da sentido a nuestra vida. En esta época celebramos un maravilloso intercambio: Ofrecemos a Dios nuestra frágil naturaleza y Él nos da a cambio lo que corresponde a su naturaleza divina: su espíritu, su gracia y su vida eterna.

 

El significado de Navidad responde a la manifestación de ciertos valores humanos como lo son la alegría, la esperanza, el amor, la paz y la solidaridad con nuestra familia y con los demás.

Fuente de fotografía: Parte del Mural La Caridad del Santo Hermano Pedro continúa, que se encuentra en el Templo de San Pedro Apóstol, adjunto a Obras Sociales del Santo Hermano Pedro.

 

Este es un tiempo para aprender a orar personalmente, en familia y en la comunidad cristiana, de corregir nuestros comportamientos dañinos, de reconocer la presencia de Jesús en medio de la Iglesia, de dirigir nuestro corazón a María para aprender de ella a esperar y preparar la venida del Salvador. La devoción a María, la Madre de Jesús, nace de su misión en la obra de la salvación. Por esa razón, el tiempo y el mes más mariano es el Adviento.

 

Entre las tradiciones y costumbres religiosas celebradas en la actualidad durante el mes de diciembre de cada año con motivo de la época navideña, se mencionan: El rezo de la Corona de Adviento, la Festividad de la Inmaculada Concepción, la preparación de Nacimientos, el Árbol de Navidad y Las Posadas.

 

Corona de Adviento

 

 

El primer anuncio de Navidad es la Corona de Adviento, que tiene raíces simbólicas universales. Su forma circular es signo del amor de Dios. El círculo es una figura geométrica que no tiene principio ni fin. La Corona de Adviento nos recuerda que Dios tampoco tiene principio ni fin, por lo que refleja su Unidad y Eternidad. Es señal del amor que se debe tener hacia el Señor y hacia el prójimo, que debe renovarse constantemente y nunca detenerse.

 

Se ha convertido en un elemento de pedagogía cristiana para expresar la espera del nacimiento del Hijo de Dios como Luz y Vida,  junto a otros aspectos ciertamente importantes como son las lecturas bíblicas, los textos de oración y el repertorio de cantos. El follaje verde, que representa Esperanza y Vida, nos recuerda  el crecimiento espiritual que debemos tener durante el Adviento.

 

En la Corona de Adviento se colocan cuatro velas que representan los cuatro domingos que preceden a la Navidad del Señor. Tradicionalmente las velas que se colocan son tres moradas y una rosada. El color morado representa el espíritu de vigilia, penitencia y sacrificio que debemos tener para prepararnos adecuadamente para la llegada de Cristo; mientras que la rosada representa el gozo que sentimos ante la cercanía del nacimiento del Señor. Cada domingo se enciende una vela cuya Luz simboliza Salvación y Fe. El tercer domingo se enciende la vela rosada. La vela blanca, colocada al centro de la Corona de Adviento se enciende en la noche santa, el 24 de diciembre. Esas velas indican que la luz disipa las tinieblas y la oscuridad.

 

En la celebración religiosa de Adviento, se expone que Jesús es la Luz del Mundo que viene a nosotros y nuestro corazón la anhela y la busca, razón por la que se encenderá una vela cada domingo; y así, al acercarnos a la fiesta del nacimiento de Jesús habrá más luz, y mientras más nos acercamos a Él, tanto más se iluminará nuestra vida y ¡seremos más felices!.

 

Primer Domingo: Se enciende una vela morada y se Bendice la Corona, así:

 

 

Bendición de la Corona de Adviento, en familia:

 

La tierra, Señor, se alegra en estos días, y tu Iglesia desborda de gozo ante tu Hijo, el Señor, que se avecina como Luz esplendorosa, para iluminar a los que yacemos en las tinieblas de la ignorancia, del dolor y del pecado. Llenos de esperanza en su venida, tu pueblo ha preparado esta Corona con ramos del bosque y la hemos adornado con cirios para tener luz.

 

Ahora que iniciamos el tiempo de preparación para la venida de tu Hijo, te pedimos, Señor, que mientras se acrecienta la luz al encender estas velas, a nosotros nos ilumines con el esplendor de Aquel, que por ser la Luz del mundo, iluminará todas las oscuridades, Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

 

La Bendición de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre esta Corona y sobre todos los que con ella queremos preparar la venida de Jesús.

 

 

     

Segundo Domingo: Se manifiesta que la Esperanza es la virtud por la cual confiamos en el Padre y en sus promesas, principal sentido del Adviento. Se encienden dos velas moradas.

 

Tercer Domingo: Siendo necesaria la Purificación, se pide al Padre de Bondad que nuestro corazón sea comprensivo, sincero y generoso, para que Jesús viva en él. Se encienden tres velas, las dos moradas y la rosada.

 

Cuarto Domingo: Se manifiesta la alegría por el nacimiento de Jesús, por lo que se pide a María y a José nos ayude a conocerlo más, para que Él también nazca en nuestro corazón. Se encienden las cuatro velas.

 

En los mismos domingos, después de los temas indicados, también se realizan lecturas bíblicas, se elevan oraciones y, en silencio, los miembros de la familia hacen sus reflexiones y propósitos.

 

En Navidad se encienden las cinco velas, es decir, se adiciona una blanca el día 25 de diciembre. Se realiza lectura bíblica y como preparación para recibir a Dios que se hizo hombre para salvarnos, reconociendo que somos pecadores y que necesitamos su salvación, rezamos el Credo.

 

Festividad de La Inmaculada Concepción

 

La devoción a La Inmaculada Concepción es uno de los aspectos más difundidos de la devoción mariana. María tiene un lugar muy especial dentro de la Iglesia por ser la Madre de Jesús. En el Catecismo de la Iglesia Católica, en los números del 490 al 493, podemos leer acerca de La Inmaculada Concepción de María.

 

En la Constitución Ineffabilis Deus del 8 de diciembre de 1854, el Papa Pio IX pronunció y definió que la Santísima Virgen María “en el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia concedidos por Dios, en vista de los méritos de Jesucristo, el Salvador del linaje humano, fue preservada de toda mancha de pecado original”. “El sujeto de esa inmunidad del pecado original es la persona de María en el momento de la creación de su alma y su infusión en el cuerpo.”

 

Desde entonces, esta es una de las verdades que los católicos creemos, aunque a veces no entendamos. Es lo que se llama Dogma o artículo de Fe.

 

En la actualidad, cada 8 de diciembre se celebra la festividad de aquella advocación mariana con el rezo del Santo Rosario.

 

Los Nacimientos

 

En cuanto al origen de los nacimientos, se reconoce que fue San Francisco de Asís quien tuvo el deseo de conmemorar el nacimiento de Jesús en forma viviente. Para ello, en la Navidad de 1223, en el Santuario de Greccio, Italia,  representó ese misterio bíblico al colocar sobre heno, en un lugar apropiado de ese Convento, a un recién nacido y a ambos lados un buey y un asno vivientes. Al lugar asistieron monjes y vecinos quienes, portando antorchas, querían apreciar las incomodidades que pudo tener el Niño Dios al nacer.

 

Esa tradición quedó arraigada en los habitantes de Asís y los padres franciscanos se encargaron de extenderla por todas las provincias.

 

Para el ahora Santo Hermano Pedro, Belén era el anhelo de su alma. Cuando se acercaba la Navidad, y año tras año, Él utilizaba su sombrero, con el que nunca se cubrió, para llevar por las calles de la ciudad, durante el Adviento, una imagen del Niño Jesús con otros motivos navideños; y con gran entusiasmo, exhortaba a la gente a prepararse para la Navidad con oraciones, ayunos y buenas obras.

 

La tradición en Guatemala de preparar un Nacimiento, con motivo de las festividades navideñas, se atribuye al Santo Hermano Pedro, quien dedicaba toda su creatividad para realizarlo y se encargó de trasladar esa tradición de las iglesias a los hogares.

 

En una Galería de Pinturas que se encuentra en Posada Belén, se observa esta obra realizada por Luis Alberto De León y León, autor contemporáneo guatemalteco, en la que representa la Navidad. El texto que podemos apreciar es el siguiente:

 

"El Santo Hermano Pedro, con arte y con amor se encarga de arreglar el pesebre; y si bien se ocupa porque haya pastores, rebaños, casas dispersas por el valle y la hondonada, todo su interés se centra en la gruta, refugio de sus tres amores. Es allí donde goza en la contemplación del niño pequeñito, de su invalidez y pobreza; donde con María lo adora y con José se afana e inquieta por mullir el heno y suavizar las pajas. Se sumerge en largos silencios y en arrobos místicos; se olvida de todo, sonríe, pronuncia Jesús, Niño de Belén"

 

Soledad Hernández - Bethlemita

 

 

Una de las más significativas devociones del Santo Hermano Pedro era la ceremonia que realizaba cada año, al finalizar la misa de celebración del nacimiento del Salvador. Aquella ceremonia consistía en salir inmediatamente del Templo de San Francisco El Grande, acompañado de feligreses hasta la iglesia de La Inmaculada Concepción, que se encuentra en la localidad actualmente conocida como Ciudad Vieja, para darle la enhorabuena a la imagen de esa advocación mariana. Todo lo hacía cantando las coplas que Él mismo había preparado, mientras derramaba abundantes lágrimas de alegría. Luego, regresaba a su hospital de convalecientes para festejar al lado de los pobres y enfermos.

 

 

Como testigo de la devoción del Santo Hermano Pedro por el Misterio de Belén, aún podemos apreciar en lo alto de la fachada de la actual Iglesia Beatas de Belén [Posada Belén] una escultura que representa el Nacimiento. Allí se encuentran las imágenes de los personajes bíblicos y una figura más, la del Santo Hermano Pedro.

 

Escultura que representa el Nacimiento del Redentor

 

Con el transcurso del tiempo, los Nacimientos continuaron preparándose conforme la temática bíblica pero también enriquecidos con la adición de elementos puramente nacionales como: figuritas de barro y otros materiales; pesebre; aserrines teñidos con diferentes colores; arena blanca; paisajes de la campiña elaborados en papel y cartón; flores y frutas de la temporada, como pascuas, hojas de pacaya, pie de gallito, “rosarios” de manzanillas, mandarinas, melones, piñuelas, cacao, y otras; follaje y bellotas de pino; ramas de ciprés; paja y musgos.    

 

En esta pintura contemporánea en la que se indica “En el Año de su Canonización, MMII”, expuesta en el Museo del Santo Hermano Pedro, se representa la Navidad.

 

Entre los que contemplan tan sublime acontecimiento, se encuentra la figura del Santo Hermano Pedro quien extasiado observa al Salvador que vino a este mundo a servir y no a ser servido.

 

 

Entre los Nacimientos preparados en la época navideña, en La Antigua Guatemala, se mencionan: el de Obras Sociales del Santo Hermano Pedro, el del Templo de San Francisco, Santuario del Santo Hermano Pedro; así como los preparados en otras Iglesias o Templos. Algunos de esos Nacimientos pueden recordarse ingresando a nuestras páginas correspondientes.

 

El Árbol de Navidad

 

La costumbre de adornar un Árbol de Navidad fue traída a América por inmigrantes alemanes ya hace muchos años. No se conoce con certeza su origen, pero se dice que esa tradición se remonta al siglo VIII, durante la cristianización de los germanos, declarándose el "Árbol del Niño Jesús".

 

Actualmente, colocar un Árbol de Navidad es una tradición arraigada en la cultura hispana. Esa costumbre está relacionada a la festividad del Nacimiento de Jesús; por lo tanto, debe dársele un sentido cristiano y familiar conservando el espíritu navideño.

 

El árbol es signo de vida, los adornos y las luces nos motivan a la alegría, y los regalitos que se colocan al pie del mismo constituyen una expresión de amistad.

 

Recordamos como fue preparado este Árbol de Navidad ornamentado en Obras Sociales del Santo Hermano Pedro.

 

 

Las Posadas

 

La tradición de preparar procesiones con motivo de las festividades navideñas también se atribuye al Santo Hermano Pedro. Él tomó como emblema el símbolo más humilde y conmovedor de las Sagradas Escrituras: Jesús en el Portal de Belén. Cristo Nuestro Señor se hizo siervo y esclavo de la humanidad en Belén”.

 

Según la historia, al llegar la noche santa, el Santo Hermano Pedro reunía una gran multitud en torno al ahora antiguo Hospital de Nuestra Señora de Belén, actualmente en ruinas, para realizar una solemne procesión que recorría las calles de la ciudad, llevando sobre un anda las imágenes de José y María, ambos vestidos de peregrinos. El cortejo procesional era acompañado por Hermanos Terciarios, el clero, fieles devotos, y niños vestidos de pastores, quienes unían al fuego de sus antorchas el fuego de sus corazones, para rezar, alabar y glorificar al Niño Jesús y a su Santa Madre.

 

 

En esas celebraciones del misterio de Belén, el Santo Hermano Pedro “perdía el juicio”, ya que de la alegría saltaba, danzaba y entonaba villancicos que unos eran tradicionales y otros que Él mismo había preparado, haciéndose acompañar de una pandereta de cuero que él mismo había preparado para “alegrar la Navidad”

 

Pandereta del Santo Hermano Pedro.

Museo del Santo Hermano Pedro

 

Así logró establecer una tradición que el paso de los siglos no ha podido borrar: Las Posadas.

 

 

En esta pintura contemporánea, expuesta en el Museo del Santo Hermano Pedro, se representa la procesión navideña que organizaba el Santo Hermano Pedro.

 

En la actualidad, la celebración de esa tradición se realiza a partir del 16 de diciembre de cada año y finaliza el 24 del mismo mes; es decir, durante 9 días como un tiempo de preparación a la noche santa. Constituyen la Novena de Navidad en directa referencia al misterio del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo.

 

¡Que estas actividades realizadas con Fe y oración fortalezcan nuestra esperanza que pronto terminará la situación que estamos viviendo con relación a la pandemia del covid-19!

 

Fuente:

Itinerario de un peregrino en una "Ciudad Mística", La Antigua Guatemala (Ediciones Provincia Franciscana "Nuestra Señora de Guadalupe" de Centro América y Panamá). Templo de San Francisco, Museo del Santo Hermano Pedro. Obras Sociales del Santo Hermano Pedro. Sitios Web: es.radiovaticana.va; ewtn.com; es.catholic.net; revistaeccleisa.com; aciprensa.com

 

 

    

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