Conozca La Antigua Guatemala

 

 

...la ciudad colonial que ofrece una valiosa tradición cultural y religiosa

 

  

Crucifijo o Cristo de San Damián

 

 

 

 Para ir a Página Principal   Ø

   

 

 

 

En el Templo de San Francisco, Santuario del Santo Hermano Pedro, se encuentra el Mural de San Francisco en el que, justamente en la parte central y a la derecha de la imagen de San Francisco de Asís, se observa una representación del Crucifijo de San Damián o Cristo de San Damián; y frente a él un fraile franciscano quien, en oración, coloca velas y medita.

 

Mural de San Francisco

 

 

Según manifiesta la familia franciscana, el Cristo de San Damián es un tesoro para ellos. A lo largo de siglos y generaciones, Hermanos Franciscanos [rama masculina] y Hermanas Clarisas [rama femenina], ambas ramas de la Orden de Frailes Menores, se han arrodillado ante esa imagen implorando Luz para cumplir su misión evangelizadora en la Iglesia.

 

Un acontecimiento místico en la vida de San Francisco de Asís, se señala en la siguiente…

 

 Breve Biografía de San Francisco de Asís

 

San Francisco nació en Asís, ciudad de Umbría, Italia, en 1182. Siendo su padre un acaudalado comerciante de telas, San Francisco disponía de dinero en abundancia el cual gastaba con ostentación sin importarle los negocios de su progenitor; sin embargo, era generoso con los pobres que le pedían por amor de Dios.

 

Insatisfecho con esa forma de vida, hacia la segunda mitad del año 1205, él se va apartando de los amigos [hijos de nobles] y de la familia para intensificar su vida en soledad y oración; además de frecuentar la ayuda a los pobres enfermos de lepra.

 

Imagen de San Francisco de Asís

 

Fuente: Instituto SCTJM

 

Estando en oración en la Ermita de San Damián, ubicada en las afueras de Asís, él tuvo una experiencia mística: Escuchó que el Señor le habló desde el Crucifijo que allí se encontraba, y le dijo: Francisco, reconstruye mi Iglesia que está en ruinas”.

 

Como dicha Ermita estaba arruinada, San Francisco tomó esas palabras literalmente y empezó a colaborar, con sus propias manos, en la reconstrucción de la Ermita de San Damián, la antigua Iglesia de San Pedro, y la Ermita dedicada a Santa María de los Ángeles. Esas actividades las realizó desde 1206 a 1208.

 

En el mismo año 1206, San Francisco renunció públicamente a la herencia de los bienes de su padre y decidió dedicarse por completo al apostolado para servir a Dios y ayudar a los pobres, viviendo como ermitaño.

 

Por abril de 1208, cuando asistió a Misa en la Ermita de Santa María de los Ángeles [localizada aproximadamente a tres-cuartos de milla de la ciudad de Asís] y escuchó el Evangelio relacionado con el envío de los discípulos de Jesús en misión (Lc 10, 1-12. 17-20), San Francisco descubrió su vocación evangélica y apostólica; percibiendo entonces que el llamado que el Señor le hizo fue para que colaborara en la evangelización de la época, lo que iba más allá de la reconstrucción física de las iglesias.

 

San Francisco vivió la mayor parte de su vida en aquella ciudad y luego se le unieron otros Hermanos en su misión evangelizadora, para fundar, en 1209, la Orden de Frailes Menores (o.f.m.), o Frailes Franciscanos. El nombre que él dio a dicha Orden fue por humildad, ya que San Francisco deseaba que sus Hermanos fueran siervos de todos y buscasen siempre los sitios más sencillos.

 

En 1211, San Francisco logró una estadía permanente gracias a la generosidad de los Benedictinos, quienes le donaron la pequeña Capilla de Santa María de los Ángeles, considerada como “una pequeña parte” de esas tierras. Al lado de esa Capilla, fue construido el primer Convento Franciscano con la edificación de unas cuantas y sencillas chozas o celdas de paja y barro, cercadas con un seto [empalizada].

 

En la misma Capilla, San Francisco recibió los votos de la joven Clara [Santa Clara] perteneciente a una de las familias nobles de la ciudad de Asís. Ella fue la primera mujer seguidora de aquella evangelización apostólica, pues también estaba dedicada a la oración, al trabajo manual [bordados y costura] y a la asistencia a los pobres. Con ella, San Francisco fundó la rama femenina de la Orden de los Frailes Menores, nombrándola Orden de las Hermanas Clarisas, que se constituyó el Lunes Santo de 1211, siendo una de las instituciones religiosas que forman la Segunda Orden de San Francisco.

 

Él también dio a sus seguidores (as) unas sabias y breves normas que consistían, principalmente, en consejos evangélicos para alcanzar la perfección religiosa, que más tarde tuvieron su aprobación por la Santa Sede.

 

En 1224, San Francisco realizó su primera Cuaresma en honra a San Miguel Arcángel. Por devoción y durante esos cuarenta días, que se inician con la festividad de la Asunción de María [15 de agosto] hasta la festividad de San Miguel Arcángel [29 de septiembre], San Francisco se retiró al Monte Alverna para estar en soledad y dedicarse a la penitencia, oración y meditación, construyendo para ello una pequeña celda. En ese lugar, en “un día próximo a la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz”, [14 de septiembre], aconteció el milagro de los Estigmas, o sea la aparición o impresión en su propio cuerpo de las marcas [llagas en las manos, pies y costado] de la Pasión de Cristo. Cuando San Francisco terminó aquella Cuaresma regresó al Valle de Santa María de los Ángeles, sin dejar de predicar y tratando de esconder aquellas marcas a la vista de las personas.

 

Sufriendo quebrantos de salud, San Francisco se debilitaba. Antes de la hora de su muerte, confiere el cuidado y protección de aquella pequeña Capilla de Nuestra Señora de los Ángeles a sus Hermanos. Murió el 3 de octubre de 1226, a la edad de 44 años. Él anheló toda su vida el martirio por Cristo, pero no logró el martirio corporal; sin embargo, Cristo le reservó otro martirio: el de su transformación en el Crucificado.

 

El 16 de julio de 1228, el Papa Gregorio IX Canonizó a San Francisco. La festividad religiosa del ahora Santo quedó asignada en el día 4 de octubre. [En el 2013, el 16 de julio, se evocan 785 años de dicha Canonización].

 

San Francisco contribuyó a tener más fervor en la Iglesia Católica, y extendió la religión de Cristo por todos los países del mundo. Los seguidores de San Francisco son el grupo religioso más numeroso que existe en la Iglesia Católica.

 

El Crucifijo, al que se ha hecho referencia, permaneció en la Ermita de San Damián hasta que las Hermanas Clarisas, después de la muerte de su fundadora, lo trasladaron para la actual Basílica de Santa Clara.

 

Descripción del Crucifijo de San Damián o Cristo de San Damián

 

Manifiesta la familia franciscana que este Crucifijo es una representación de Cristo Glorioso. Es el fruto de una profunda meditación y detenida contemplación. Esa representación se pintó sobre tela poco después del año 1100, y luego pegado sobre madera. Obra de autor desconocido del Valle de Umbría, se inspira en el estilo romántico de la época y en la iconografía oriental. Esta Cruz que mide 2.10 metros de alto por 1.30 metros de ancho, fue realizada para la Ermita de San Damián, de Asís. En dicha pintura se expresa toda la Fe de la Iglesia, quiere hacer visible lo invisible; y, además, quiere adentrarnos en el misterio de Dios, a través y más allá de la imagen.

 

Gracias a la actividad de impresión y divulgación que, de la imagen del Crucifijo de San Damián o Cristo de San Damián, efectúa la Campaña ¡Salvadme Reina de Fátima por la gracia de Cristo, nuestro Redentor!, apreciamos de cerca esa representación:

 

Imagen de Cristo de San Damián contemplado por San Francisco de Asís

 

 Para observar, deslice suavemente el puntero del cursor sobre la siguiente imagen:

 

Flash Crucifijo de San Damián o Cristo de San Damián

 

Entre el misticismo que la familia franciscana relata en la contemplación de dicho Crucifijo, se describe:

 

A primera vista se observa la figura central: Cristo, que irradia Luz, pues todo su cuerpo está luminoso. ¡Es la claridad que viene a iluminarnos!  Resalta sobre todos los demás personajes, pues está como adelante. Tras sus brazos y pies se aprecia el color negro, que simboliza el sepulcro vacío: La oscuridad es signo de las tinieblas.

 

Estamos ante un Cristo inspirado en el Evangelio de San Juan. Es el Cristo Glorioso que está de pie sobre la Cruz, no pende de ella. Su cabeza no está tocada por una corona de espinas, sino lleva una corona de gloria. Nos hallamos al otro lado de la realidad histórica, de la corona de espinas que existió algunas horas y de los sufrimientos que le valieron la corona de Gloria.

 

Contemplamos al Cristo viviente que ampara al mundo, pues tiene sus brazos extendidos como queriendo abrazar al universo. Sus manos están abiertas hacia arriba, invitándonos a mirar más allá de nosotros y en dirección al cielo. ¡Están abiertas también para ayudarnos, para sostener nuestros pasos y levantarnos en nuestras caídas!

 

El rostro de Cristo es sereno y sosegado con los ojos muy abiertos, cuya mirada envuelve a quienes están cerca y a quienes le contemplan; pero a la vez, esa mirada está atenta a todos.

 

En la parte superior del icono se encuentra una inscripción sobre una línea roja y otra negra, con las palabras: IESUS NAZARENUS REX INDEORUM, cuya traducción es JESÚS NAZARENO REY DE LOS JUDÍOS. Una referencia que fue importante para San Francisco: Nazareno es el recuerdo de la vida pobre, escondida y laboriosa de Jesús, quien trabajó con sus manos y pasó por la pobreza de Nazaret, por el trabajo humano.

 

Sobre ese rótulo, un círculo; y dentro de este último, un personaje: el Cristo de la Ascensión. Se aprecia su impulso, se eleva y abandona el sepulcro, representado en la oscuridad que encierra al círculo. Va hacia su Padre, alargando la mano derecha en esa dirección; mientras que en la mano izquierda lleva una cruz dorada, signo de victoria sobre el mal y la perversidad.

 

En la iconografía, el círculo es símbolo de perfección y plenitud. Pero en el Crucifijo que observamos, la cabeza de Cristo está fuera del círculo. Ello representa que la perfección y plenitud humanas no pueden abarcar a Cristo. ¡Él rebasa toda plenitud!, por eso, su rostro está por encima del círculo. A la izquierda y a la derecha unos ángeles, con rostros felices, ven a Cristo que entra en la Gloria y Él se alegra con ellos.

 

En el ápice [borde superior] de la Cruz, se observa un círculo del que sólo se aprecia la parte inferior; la otra es invisible. Dicho círculo simboliza al Padre, conocido por lo que Cristo nos ha revelado de Él. Sigue siendo, como dijo San Francisco de Asís: el incognoscible, el insondable, el todo Otro. Por eso vemos sólo un semicírculo; el resto nadie lo conoce. Es el misterio de Dios, incomprensible para nosotros hoy. En dicho semicírculo se aprecia una mano con dos dedos extendidos. Es la mano del Padre que envía a su Hijo al mundo y, a la vez, lo recibe en la Gloria.

 

Bajo cada mano y antebrazo de Cristo hay dos ángeles. La sangre de las llagas los purifica, y se derrama por el brazo sobre los personajes situados más abajo. Todos son salvados por la Pasión.

 

En los extremos de los brazos de la Cruz, dos personajes parecen llegar: Señalan con la mano el sepulcro vacío, simbolizado por la oscuridad detrás de los brazos de Cristo.

 

A los flancos de Cristo hay cinco personajes unidos a Él.

 

En el flanco derecho de Cristo están María y Juan: María muestra la serenidad de la creyente que espera confiada al pie de la Cruz y cuya esperanza no queda defraudada. Acerca su mano izquierda hasta el mentón. En la tradición del icono, este gesto significa dolor, asombro, reflexión. Con la mano derecha señala a Cristo. Juan hace el mismo gesto y mira a María como preguntándole el sentido de los hechos.

 

En el flanco izquierdo de Cristo hay tres personajes: Dos mujeres y un hombre. Las dos mujeres son las que llegaron primero al sepulcro la mañana de Pascua. Ellas son María Magdalena y María, la madre de Santiago [el Menor]. Con la mano izquierda en el mentón, María Magdalena manifiesta su dolor, en tanto que María, la madre de Santiago, le señala a Jesús Resucitado, invitándola a no encerrarse en su propio sufrimiento. Junto a las dos mujeres, un hombre: El centurión romano que estuvo frente a Cristo y, al ver «que había expirado de esa manera, dijo: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”» (Mc 14, 39). Es el modelo de todos los creyentes. Parece sostener en su mano izquierda el rollo de un documento en el que estaba escrita la condena. Con su mano derecha, y sus tres dedos levantados, enuncia su Fe en Dios Trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

 

A los pies de María, un personaje más pequeño: Es Longino, un soldado romano. Mira a Cristo, y sostiene en la mano la lanza con la que le traspasó el costado.

 

Al otro flanco, a los pies del centurión romano, otro pequeño personaje: Apoya la mano en la cadera y parece mofarse de Cristo crucificado. Su vestimenta hace pensar en el Jefe de la sinagoga. Su rostro aparece de perfil, detalle sorprendente en un icono, cuyos personajes generalmente están de frente con la cara iluminada. Este hombre no ha alcanzado todavía la Luz de Cristo. Es menester que la otra parte de su rostro, la que no se ve, salga de la oscuridad y sea iluminada por la Resurrección.

 

En el pie de la Cruz, se observan  dos personajes: Pedro, con una llave, y Pablo. Debía haber otros, pero el tiempo ha borrado la pintura. Eran, quizá, santos del Antiguo Testamento, o San Damián, Patrono de la Ermita; o talvez San Rufino, Patrono de la Catedral de Asís. La sangre de las llagas se difunde sobre ellos y los purifica.

 

Sobre Pedro, a media altura frente a la pierna izquierda de Cristo, un gallo en actitud desafiante. Evoca la negación, la de Pedro y las nuestras. Es el símbolo, igualmente, del alba nueva. Saluda con su canto los primeros rayos del sol y nos invita a todos a salir del sueño para adentrarnos en la Luz de Cristo Resucitado.

 

Reflexión

 

El Cristo de San Damián, recién contemplado, contiene una asombrosa densidad teológica. En él encontramos la evocación del Misterio Trinitario y la plenitud de Cristo, encarnado, muerto y resucitado. Unido a los suyos en el cielo por la Ascensión, sigue permanentemente vuelto hacia nosotros. Su misión es salvarnos a todos. Estamos ante el Misterio Pascual total.

 

Cristo no está solo sobre la Cruz. Está en medio de un pueblo, simbolizado en los personajes que lo rodean y atestiguan su Resurrección. Hoy, también, sigue vivo en medio de su Iglesia. Invita, a quienes le contemplamos, a ser sus testigos.

 ¿Oímos su llamada?

 

Ingresando al siguiente sitio de Internet, usted puede conocer acerca de:

 

Biografía de San Francisco de Asís

 

http://www.corazones.org/santos/francisco_asis.htm

 

Fuente:

 

Directorio Franciscano: Breve cronología de la vida de San Francisco. Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María (Instituto SCTJM): Biografía de San Francisco de Asís. Enciclopedia Franciscana: El Cristo de San Damián, Descripción del icono por Richard Moriceau (o.f.m. cap). Crucifijo de San Damián: Imagen publicada por la Campaña Salvadme Reina de Fátima, por la gracia de Cristo Nuestro Redentor. Santoral Católico (EWTN): San Francisco de Asís.

 

 

 

 

 Para ir a Página Principal   Ø

 

 

  

CCN

Todos los derechos reservados